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Marina Varas

  • Psicóloga y supervisora en Psicología Clínica #0865 Conap y Colegio de Psicólogos # 2369
  • Docente U. Central y U. Mayor
  • Directora, docente y terapeuta del Centro de Psicoterapia Gestalt de Santiago de Chile. Formación.
  • Educadora de Párvulos P.U.C. de Chile
  • Presidenta IV congreso internacional de investigación en Psicoterapia Gestalt.
  • Master en Teoría y Praxis Gestalt de la U. Mayor de Chile
  • Master en NNTT de la Educación de U.A.B., U. Alicante y U. Carlos III
  • Libros de Gestalt: “Terapia de grupo” (2010), “Terapia con Niños y Adolescentes” (2017), Autismo y Gestalt (2025)

Desde muy temprano me sumergí en Gestalt, gracias a mi madre (Adriana Schnake) y mi propia inquietud que, desde los 15 años, me llevó a leer a Perls y -sobre todo- a incluirme en los grupos gestálticos que se realizaban en casa.

No puedo dejar de mencionar a mi madre porque ella realmente era una persona especial. Como psiquiatra, trabajó durante años a cargo del pabellón de psicóticos de la Clínica de la U. de Chile. Recuerdo que en esos años se practicaba mucho el electroshock, y ella no estaba de acuerdo con esa metodología y para evitarlo se llevaba a pacientes jóvenes a vivir con nosotros, dándoles casa y un mínimo que hacer para que pudieran sentirse útiles y, sobre todo, dignos.

Así fue como durante nuestra niñez vivimos con un jardinero que, a veces cortaba todo y no dejaba flores; con un chofer que nos llevaba al colegio y contaba historias en las que no sabías si hablaba de sueños o de imaginación; con un ayudante de cocina alcohólico; con un muchacho que venía por el día desde fuera de la ciudad sólo a hacer paquetes y que, al llegar, preguntaba: “¿Qué paquete debo hacer hoy?”, lo que era un desafío después de unas semanas para toda la familia. A mis 13 años llegó una chica llamada Coral. Vivimos juntas por un año en mi propio cuarto, y me hice amiga de ella y un día mi madre se preocupó cuando le dije: “¡Mamá, yo quiero ser psicótica!”. Era tan hermoso su mundo… tan libre, tan transparente, sin temores -como si el daño no existiera- que yo la admiraba. Hasta el día en que, en plena calle céntrica, se sacó toda la ropa y quedó desnuda, y nos llevaron a ambas detenidas por escándalo público. Serían muchas las anécdotas que podría contar sobre las personas que mi madre llevó a vivir y a compartir nuestras vidas.

Para mí todo eso reflejaba su forma de pensar y de creer en la rehabilitación a través del trabajo, del tomar conciencia, del presente, y sobre todo su enorme confianza y amor por el ser humano, que agradezco haber heredado de ella.

Años más tarde, instaló su centro al sur de Chile -del cual desde el inicio quise ser parte (yo ya era grande con 3 hijos)-. Ella siempre soñó que la psicoterapia no fuera algo sólo para un@s privilegiad2s, sino para tod@ aquel que lo necesitara. La Gestalt siempre fue parte de mi vida, al inicio como una filosofía de vida y luego como una hermosa herramienta de trabajo.

Y desde ahí, mi vida siguió pasando con todo lo que trae la vida: momentos duros, momentos luminosos, quiebres, nacimientos, defunciones y otros. Algunas muy duras, como cuando apenas a los17 años, al ingresar a la U. deseábamos cambiar el mundo, y en plena dictadura nos desbarataron y mi pareja resulto detenido desaparecido (por poco yo escapé). También sucedieron otras cosas muy hermosas, el regreso a Chile y la vida rural, el nacimiento de mi primer hijo a los 20. Y en todas, en cada una, la Gestalt me ha hecho sentido. Siempre se acomodó a mi ser, de tal manera que a veces no puedo distinguirla de mi vida. Dicen que soy un alma resiliente, o -como decimos los chilenos- un “muñeco porfiado”: de esos que se inflan, les pegas y se vuelven a poner de pie solos. Pero para mí la vida no ha sido más que un hermoso aprendizaje, con sus polos oscuros y su claridad. Suelo conservar lo bueno, y por eso no puedo dejar de mencionar el amor por mis cuatro hijos, mi pareja Antonio y mis siete nietos, que me llenan de amor.

Trabajé en Gestalt primero como educadora de niños pequeños durante  varios años, al sur de Chile. Tanto el colegio Chiloé como en nuestro propio Centro donde los participantes venían con familia completa durante 15 días y yo me encargaba de l@s chic@s conviviendo y haciéndoles Gestalt (silla caliente, proyecciones, roles, meditaciones, etc).

Más tarde, al trasladarme con Antonio Martínez, mi marido, a Santiago continué trabajando como psicóloga, especialmente en grupos, lo que siempre fue mi favorito. Ahí creamos el Centro Gestalt de Santiago (1995) con el propósito de realizar una formación seria y profunda en Gestalt. Desde 2001 soy Directora de nuestro propio Centro de Psicoterapia Gestalt de Santiago, donde he sido docente por muchos años y también terapeuta. La vida me ha llevado a participar con grandes terapeutas, hacer “aquí y ahora” con Barry Stevens, constelación familiar con Bert Hellinger, seminarios de Alfred Längle, participar de cursos con Jean Marie de la Croix… Mi vida y mi proceso formativo han ido de la mano, siempre explorando en la Gestalt y esto es uno de los pilares para mis talleres que se han transformado en una guía para acompañar a otros seres humanos que quieren transformar su vacío existencial, y cambiar en sus vidas.

Espero pronto conocernos y verán que por sobre todo soy una persona simple, común y corriente y de esto sí me enorgullezco.

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